Enero - 2006 Ver columna del mes de Diciembre 05


Una mirada al Jazz Sudafricano del Exilio

“no son la música del pasado
son el estruendo…”

José Emilio Pacheco

Siempre me ha intrigado saber lo que sufre un exiliado al recordar su tierra natal. Encima de los indudables sentimientos de nostalgia, ternura y melancolía, ¿no habrá quizás un oscuro elemento de rencor, un vago resentimiento, junto al dolor amargo? Posiblemente. Y es esta ambivalencia en la sensibilidad lo que vuelve al exilio algo tan complejo y tan poco descifrable, hasta el punto de sólo poder entenderlo cabalmente cuando uno resulta objeto del mismo. Y no es inútil distinguir entre el exilio voluntario y consciente, equivalente al legendario éxodo bíblico protagonizado por Moisés, del destierro forzoso, violento e irremediable que se realiza en contra aún de la voluntad del desterrado, y cuyo mejor –o peor– ejemplo histórico se encuentra en el brutal tráfico de esclavos africanos durante los siglos XVII al XIX.


Bien. Al igual que la llamada literatura del exilio, que cuenta con exponentes tan reconocidos y heterogéneos como Vladimir Nabokov, Reinaldo Arenas, Salman Rushdie y Augusto Monterroso, entre muchos otros, existe también una corriente dentro del jazz a la que no resulta caprichoso denominar jazz del exilio. Pero detengámonos un momento. ¿Jazz del exilio? ¿No que el jazz era una música universal, libre por antonomasia, indómita por naturaleza? ¿No es ésta una paradoja entonces? Sí que lo es, y una muy difícil. Sin embargo, esta controversia reside en el origen mismo del jazz, en su mera esencia, ya que nunca debemos olvidar que fueron precisamente los esclavos africanos traídos a nuestro continente quienes crearon este género musical, derivado del blues, el gospel, el ragtime y la música de marchas militares.


Afinemos entonces nuestra brújula. Llegamos a Sudáfrica, país convulsionado por guerras internas y un inflexible sistema de discriminación racial llamado apartheid. En la década de los 60’s, con la finalidad de escapar de las restricciones, injusticias y penalidades de dicho sistema, músicos sudafricanos de jazz como el pianista Abdullah Ibrahim (quien se rebautizaría posteriormente como Dollar Brand) y el trompetista Hugh Masekela se exiliaron en los Estados Unidos. Ambos habían formado a finales de los 50’s el grupo The Jazz Epistles, uno de los primeros grupos musicales sudafricanos en incluir tanto músicos negros como blancos, y que sería precursor del grupo Blue Notes, comandado por el genial pianista y compositor Chris McGregor. A través de los buenos oficios de Ibrahim, McGregor pudo escapar de Sudáfrica y conseguir un empleo regular como músico en Suiza, antes de establecerse en Inglaterra. Poco después lo siguieron el resto de los integrantes de los Blue Notes: el saxofonista Dudu Pukwana, el trompetista Mongezi Feza, los contrabajistas Johnny Dyani y Harry Miller, y el explosivo baterista Louis Moholo. Los discos solistas de estos músicos, en su mayoría editados por el sello discográfico Ogun, fundado por Harry Miller, y la magnífica orquesta Brotherhood of Breath –formada en 1970 por McGregor– incluyeron en sus filas a los más importantes y radicales jazzistas británicos de la época, tales como Evan Parker, John Surman, Mike Osborne, Kenny Wheeler y Keith Tippett, entre otros. Podemos concluir que la música de estos exiliados representa la perpetuación, la permanencia y el renacimiento de una tradición musical única y vibrante, basada en la mezcla interracial y en la combinación de la música tradicional sudafricana, llamada township music, con elementos del jazz europeo y americano.

Discografía recomendada:
1. Chris McGregor’s Brotherhood of Breath (RCA Victor, 1970).
2. Louis Moholo, Spirits rejoice! (Ogun, 1970)
3. Dudu Pukwana & Spear, In the townships (Caroline, 1973)
4. Johnny Dyani, Witchdoctor’s son (Steeplechase, 1978)
5. Harry Miller, The collection (Ogun, recopilación de 3 cd’s que incluye 5 álbumes de Miller grabados entre 1973 y 1984).

G e r a r d o  A l e j o s
gerardoalejos@hotmail.com

Octubre 2003.
Publicado originalmente en http://jazzweb.webcindario.com

las opiniones reflejadas en las columnas de nuestrojazz.com son propiedad y responsabilidad exclusivas del autor.