
Lennie Tristano,
un jazzista al que el tiempo no olvida
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Espero una carta todavía no escrita
donde el olvido me nombre su heredero.
José Carlos Becerra, BluesEnseñar es un arte, tanto como tocar.
Lennie TristanoLas referencias literarias son, como las aceitunas, aperitivos placenteros y estimulantes por lo general: verdaderas delicias para el goloso. Augusto Monterroso, cuya memoria gotea por las noches y de la cual tratan de empaparse estas líneas, afirmaba que cuando se traba conocimiento de Jorge Luis Borges se experimenta una sensación igual a cuando se adquiere una enfermedad. Nunca estamos verdaderamente preparados para ella, y realmente nunca sabremos si habrá de terminar algún día. Algo similar ocurre cuando uno escucha la música de Lennie Tristano. ¿Cuál será ese mecanismo desconocido de la mente humana que permite recordar con pareja intensidad la voz de tu madre llamándote por tus dos nombres y gritándote que bajes a almorzar, y los tres pianos superpuestos con que inicia Tristano su pieza “Turkish mambo”? Me gustaría saberlo, pero me conformo con la explicación de Julio Cortázar sobre los solos del trompetista Clifford Brown, que aplica tanto al jazz como a los gritos de las madres: “(son) un aletazo que desgarra lo continuo, que inventa una isla de absoluto en el desorden (…) y después de nuevo la costumbre”. Si me permiten una digresión, me parece ésta una acertada definición de un solo de jazz: un aletazo de individualidad que por un momento roza el absoluto, una voz que va al cielo y regresa después a relatarnos sus experiencias. Bien. Ahora una confesión: el verdadero propósito de este artículo es comunicar el intenso placer que produce el descubrimiento de algo nuevo, de lo que posiblemente haya estado bajo tus ojos y narices pero que negligentemente hubieres ignorado, o algo cuyo acceso no estaría ni remotamente en tus posibilidades pero que de repente cae ante tus brazos como una sandía. Los descubrimientos no son más que eso: un alegre cambio de enfoque, o un regalo tan dulce como una fruta que cae del cielo. En todo caso, ahí reside la profunda verdad del subtítulo de la presente nota. Lennie Tristano no ha sido olvidado, ni mucho menos. Aunque su nombre no transite por los caminos de la memoria tan fluidamente como los de Charlie Parker, Louis Armstrong, Bill Evans, Miles Davis o Duke Ellington, su música permanece y continúa provocando reacciones.
Tristano, pianista nacido en Chicago en 1919, fue uno de los excepcionales jazzistas ciegos que alcanzaron un virtuosismo tal que les permitió dominar de forma absoluta su instrumento, al igual que los pianistas Art Tatum y Tete Montoliu, y el multi-saxofonista Rahsaan Roland Kirk. Perdió la vista a los once años, y poco tiempo después entró a la música por medio de bandas de dixieland y de rumba, en donde obtuvo una reputación de músico prodigio capaz de absorber cualquier estilo. Su importancia radica en haber sido el padre de la corriente llamada “cool jazz”, con lo que nos permite entender a pianistas como Bill Evans, Keith Jarrett y Brad Mehldau, tres de los pianistas más significativos de las últimas décadas. Además de gran solista e importante compositor, fue uno de los más célebres maestros que han existido en el mundo del jazz. Entre sus discípulos se encuentran los saxofonistas Lee Konitz y Warne Marsh, y el guitarrista Billy Bauer, y su obra propició en gran parte que el “cool jazz” se convirtiera en uno de los estilos de jazz más populares de todos los tiempos. A pesar de que su música nunca tuvo un impacto comercial, gozó de la admiración de toda clase de músicos desde su llegada a Nueva York en 1946; genios como Charlie Parker, quien improvisó junto con Tristano para unas grabaciones de 1949, hablaban con euforia de su estilo y su originalísima concepción musical. Sin embargo, para las audiencias masivas de mediados del siglo pasado, su música resultaba abstracta, fría y hecha a base de cálculos intelectuales. Basado en sus exploraciones de Bach y de la música clásica del siglo XX, particularmente de la escuela de Viena, que difundió el atonalismo, así como del bebop de Bud Powell, Thelonious Monk y Parker, Tristano fue según Lynn Anderson “el primer pianista en improvisar espontáneamente sobre extensos acordes, y fue el primero en improvisar contrapunto, mediante líneas melódicas largas y sensibles interpretadas sobre complejas estructuras armónicas”. Según el crítico francés André Francis, “Tristano inauguró un nuevo lenguaje musical, intelectual es verdad, pero que bajo una frialdad aparente, no carece de vivacidad y de genio”. Otro de sus logros fue adelantarse en más de una década a las exploraciones del free jazz, ya que en sus piezas “Intuition” y “Digression” propició la improvisación colectiva de todos los músicos de su grupo, sin estar basados en acordes o melodías preconcebidas. Finalizaremos esta reseña con un comentario de Joachim Berendt sobre el reflexivo e inspirador sonido “cool” de Tristano, “que hace recordar un poco el ambiente de los claustros medievales en que se llevaban a cabo las discusiones sobre escolástica en las tempranas horas de la noche”.
Discografía recomendada
Mosaic Records (www.mosaicrecords.com) ha armado una bellísima caja de 6 cd’s con los discos que Lennie Tristano, Lee Konitz y Warne Marsh grabaron para Atlantic a finales de los 50’s, e incluye discos fascinantes como el titulado “Tristano” de 1955, y “The new Tristano” de 1960-61. De manera individual, recomiendo conseguir una compilación hecha por Atlantic titulada “Requiem”, y “Crosscurrents”, grabado para Capitol a finales de los 40’s.
Fuentes
• Joachim Berendt, “El jazz, de Nueva Orleáns a los años ochenta”, Fondo de Cultura Económica, México, 2001.
• http://www.lennietristano.com
• http://www.musicweb.uk.net/encyclopaedia
G
e r a r d o A l e j o s
gerardoalejos@hotmail.com
Febrero de 2003
Publicado originalmente en http://jazzweb.webcindario.comlas opiniones reflejadas en las columnas de nuestrojazz.com son propiedad y responsabilidad exclusivas del autor.